¿Muchos deberes?


Hay abierto en estos días un debate en la sociedad sobre si se deben poner deberes a los alumnos para completar la formación que realizan en sus centros educativos. La polémica surge a partir de la discusión que de este tema se está realizando en Francia y sobre la propuesta de los padres de hacer una huelga de deberes.

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Creo que desde el principio el problema está mal planteado porque la pregunta no debería ser si debe haber o no deberes sino si las actividades que se proponen para realizar fuera del horario lectivo son las más adecuadas.
La argumentación de los padres de que quita tiempo a los niños para realizar otras actividades se basa en la idea de que la educación sólo se desarrolla en el ámbito educativo. Muchos padres ven la escuela como el lugar en el que sus hijos pasan un montón de horas aprendiendo todo lo que necesitan saber para formarse académicamente para su vida futura. Desde esta perspectiva se olvida que la escuela cubre esa faceta curricular pero también se ocupa de la educación y en eso padres y profesores deberían trabajar mucho más en conjunto.
Los deberes son el lazo que tendría que darse entre escuela y casa para hacer que los alumnos entiendan que el proceso de aprendizaje va mucho más allá del simple acto académico. Si queremos que valoren su propio aprendizaje debemos diseñar actividades dentro y fuera del aula que les hagan ver la utilidad de manejar recursos para la solución de problemas en la vida real y no sólo en el laboratorio del centro.
Argumentan también los padres que los deberes suponen una discriminación porque tienen ventaja aquellos alumnos que disponen de medios materiales en casa y sus padres tienen un nivel de estudios mayor. Tampoco estoy de acuerdo con este argumento: es evidente que entornos familiares enriquecedores para la educación del alumno suponen una ventaja frente a situaciones familiares menos favorables pero esto no tiene nada que ver con los deberes y repercute en toda la vida de los niños desde el principio. La escuela pretende ser un factor de corrección para nivelar esas desigualdades pero debe partir de la implicación y la formación como padres. Tener un hijo supone asumir una serie de responsabilidades que van desde el intento de dar las mejores condiciones con el esfuerzo que a todos como padres nos supone. Los deberes pueden suponer una forma de interacción en la familia en la que los padres pueden demostrar a sus hijos que se implican en la educación y en su formación por encima de sus limitaciones académicas. La ayuda que los padres pueden ofrecer a los alumnos en su casa no es tanto el ofrecer medios materiales y conocimientos como participar de sus inquietudes y compartir esos procesos de aprendizaje que mejorarán su relación padres-hijos.

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También se dice que no tienen tiempo para otras actividades pero mi pregunta es si esas otras actividades que el alumno desarrolla fuera del horario escolar son las más adecuadas y realmente atienden a sus necesidades de ocio. Muchos son los chicos que pasan la tarde sin nada que hacer “enganchados” al ordenador sin ningún tipo de control, pero también hay muchos que van de un lugar a otro a actividades deportivas, baile, música, inglés en las que se mantienen los esquemas de competitividad y rivalidad verdadera fuente de discriminación social y cultural. En el mejor de los casos estas actividades acaban reproduciendo la parte de currículo académico de la escuela y representan una forma de tener a los hijos todo el día ocupados. Son pocos los casos en los que los propios chicos pueden realizar esas actividades como afición personal porque atienden más al deseo de los padres e incluso a su imposición.

Se tiende a ver la educación sólo desde su aspecto curricular y por lo que de preparación tiene para el desarrollo de una profesión. Muchos padres tienden a confundir el desarrollo de un currículo con la formación integral de los alumnos hasta convertirse en ciudadanos libres y responsables. La educación vista así supone preparar sólo para una profesión y no para una vida.
La infancia y adolescencia es el período de la vida en la que mayor capacidad de aprendizaje tenemos, no podemos desperdiciar esa etapa dejando a los chicos sin nada que hacer por las tardes ni tampoco ocupando su tiempo en tareas que sólo atienden a que aprendan cosas que ni les interesan ni les sirven. Los deberes deben plantearse como una forma de fomentar el autoaprendizaje, el co-aprendizaje entre iguales y la planificación del tiempo por parte del alumno con atención a las relaciones familiares, el ocio y las aficiones del propio chico. Por supuesto teniendo en cuenta que deben dejar espacio de tiempo suficiente para desarrollar sus aficiones y para que dispongan de suficientes momentos de ocio y de interacción con familia, amigos, etc.
En definitiva, los deberes deben estar programados para complementar el aprendizaje de la escuela y deben reforzar la idea en los alumnos de que ese aprendizaje no se limita a los actos académicos sino que deben llevarlo a todos los ámbitos de su vida para la resolución de sus conflictos y su toma de decisiones.

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Una introducción a la competencia informacional


Hoy propongo la lectura del siguiente trabajo de Félix Benito Morales Más que palabras: las bibliotecas motor de transformación social. Se trata de un acercamiento al concepto de alfabetización informacional y el papel que la biblioteca escolar puede desempeñar.
Cuando comenzamos en la biblioteca escolar de nuestro centro suele preocuparnos mucho la digitalización de los fondos y la elaboración de un OPAC. Este primer paso va acompañado de procesos como el expurgo y el acondicionamiento de los espacios y nos acaba llevando por la senda del fomento de la lectura y de la formación de usuarios.

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Una vez que el equipo se pone en marcha, se organiza el servicio de préstamos y se comienzan a generar actividades nos surge en algún momento un término que acabará por cambiar nuestra visión de la biblioteca y del papel que nosotros podemos jugar en ella: se trata de ALFIN.
Debemos señalar que esos primeros pasos son fundamentales para toda la labor a desarrollar posteriormente: una biblioteca debe estar “normalizada”, necesitamos tener unos fondos útiles y actualizados, un espacio agradable y cómodo y son imprescindibles las labores de fomento de lectura y las actividades como creación de periódicos, blog, club de lectores, etc.
Pero si nos limitamos a esos primeros pasos sólo estamos aspirando a ser una biblioteca, sin más porque no aprovechamos el concepto de escolar. La biblioteca escolar tiene sentido cuando se convierte en verdadero recurso educativo y el motor de la actividad docente: esa es la gran diferencia con cualquier otra biblioteca municipal, regional o universitaria.
Para entender qué supone este paso debemos comenzar por redefinir nuestra labor docente desde la perspectiva de un trabajo en competencias que sitúe a nuestros alumnos como profesionales del siglo XXI.

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Vivimos en una sociedad que tiene a su alcance una gran variedad de contenidos y los alumnos ya no necesitan memorizar datos a los que pueden acceder al instante desde cualquiera de los dispositivos con los que cuentan. Es en estas circunstancias en las que aparece la necesidad de aprender a usar esa información para resolver nuestros problemas de todo tipo y para no perdernos cuando los árboles no nos dejan ver el bosque. Trabajar las competencias supone el hacer ciudadanos capaces de afrontar los conflictos que se le presentan y ser capaces de elaborar estrategias para resolverlos.
El aprendizaje de hoy en día debemos entenderlo como un proceso de renovación constante que debe adaptarse día a día a nuevos recursos cada vez más potentes sobre procesamiento de información. Una de las labores primordiales de nuestro trabajo es la de que los alumnos valoren el proceso de aprendizaje en sí mismo como fuente de conocimiento permanente que les permita resolver mejor los problemas a los que deberán enfrentarse en la vida: es el aprender a aprender y el valorar ese aprendizaje en sí mismo.
La alfabetización informacional parte de dos competencias básicas: la competencia digital y la de aprender a aprender. Ambas deben ir acompañadas de un trabajo en valores que dé sentido a este proceso.
La competencia informacional proporciona a nuestros alumnos la capacidad para buscar, seleccionar, manejar, procesar y utilizar la información en todas sus facetas. Es frecuente que se trabaje la competencia digital pero debemos tener claro que esta competencia es sólo una parte de todo el proceso. Los alumnos deben aprender a manejar todos los recursos digitales que tienen a su alcance pero la labor del docente y, sobre todo, de la biblioteca escolar, debe ser la de enseñar a manejar todo tipo de información en cualquiera de los soportes en los que la podemos encontrar: digital, papel, sonoro, imagen, etc.
Siempre me ha parecido interesante resaltar que los recursos TIC son instrumentos que están a nuestra disposición para simplificarnos nuestro trabajo y no pueden ser un fin en sí mismos. Es frecuente encontrar docentes que los utilizan como sustitutos de las técnicas tradicionales sin aprovechar todo lo que pueden aportar de autoaprendizaje o aprendizaje colaborativo. En realidad cuando usamos un cañón proyectando una película en clase o cuando usamos una pizarra digital en lugar de la tiza no hemos cambiado el modo en que nuestros alumnos aprenden. Tan negativo puede llegar a ser esto como el renunciar a un sistema de aprendizaje tradicional por “la moda digital”.
Son los docentes los que deben seleccionar en cada momento qué recursos y qué sistemas usar para enseñar a los alumnos según sus conocimientos y su propia experiencia sin renunciar a ninguno a priori y aprovechando lo que cada sistema tiene. Para ello es muy importante valorar el papel de la evaluación como algo activo que nos aporta información sobre el qué y el cómo de todo el proceso de aprendizaje. Será algo fundamental crear instrumentos que nos permitan valorar tanto el grado de asimilación de contenidos como la utilidad del propio sistema empleado. Sólo así el alumno podrá valorar su aprendizaje como proceso creativo, activo y participativo.
Para poder llevar a cabo esa transformación es para lo que debemos preparar nuestra biblioteca escolar. Ese es el papel principal que debe tener hoy en día en los centros educativos: centro y motor de toda la actividad docente y recurso puesto a disposición de toda la comunidad educativa como lugar físico o digital en el que hay un fácil acceso a la información y, sobre todo, existen instrumentos que permiten usarla para aplicarla en aquello que necesitamos.
La construcción del aprendizaje debe partir del propio alumno cuando es consciente de su importancia. El centro educativo le ofrece un entorno de colaboración entre iguales que no podemos desperdiciar y que hoy en día es muy fácil potenciar con herramientas como las redes sociales. La biblioteca escolar es el soporte físico de todo ese proceso y supone el espacio en el que están disponibles los recursos y el modo en que mejor podemos usarlos en nuestra práctica cotidiana.
Sólo cuando hemos convertido la biblioteca en el centro neurálgico de la actividad docente de nuestro centro es cuando tienen realmente sentido práctico cuestiones como la formación de usuarios, el fomento de la lectura o la realización de actividades tan diversas como un club de lectores o la creación de un periódico digital. Esa es la verdadera diferencia con cualquier otro modelo de biblioteca a la que los alumnos puedan tener acceso.
Las administraciones deberían hacer una verdadera apuesta por este modelo de biblioteca dando formación a los profesionales y medios económicos suficientes para llevar adelante proyectos de trabajo desde esta perspectiva. Es el futuro de nuestros jóvenes lo que está en juego y no podemos seguir educando con medios del siglo XIX a profesionales del XXI.

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El blog de BIBLIOMEDIA


Hoy os voy a hablar de una página que me parece muy interesante tanto por su planteamiento de innovación como por muchos de los materiales que ofrece en diferentes ámbitos del trabajo de las bibliotecas escolares. Se trata de Bibliomedia.

Muchos son los contenidos dignos de analizar aunque lo que más me interesa destacar en esta entrada son sus documentos sobre espacios y mobiliario en las bibliotecas escolares así como la atención que prestan al tema de la competencia informacional (ALFIN).

Merece la pena el esfuerzo de leer sus entradas (están en catalán) por la cantidad y la calidad de la información que ofrecen. Creo que merecería el esfuerzo de traducir algunos de sus textos para ponerlos a disposición de toda la comunidad educativa a nivel nacional en lo referente a la temática de bibliotecas escolares y la utilización de las TIC para la dinamización de su actividad.

Desde el blog de Bibliomedia se llega fácilmente al espacio de de innovacion educativa PUNTEDU. Muchos más recursos y reseñas a diferentes espacios sobre la temática de las bibliotecas escolares. No estaría nada mal que algunos de los responsables del tema en las diferentes comunidades autónomas revisaran este trabajo y ofrecieran espacios como estos de apoyo a la labor que los centros desarrollan en la temática de bibliotecas escolares.

Navegando por los distintos lugares podéis encontrar documentos de diverso contenido así como recopilaciones de intervenciones en diferentes congresos. Echad un vistazo a su directorio de webs de bibliotecas escolares.

Esperemos que algún día todo este trabajo se extienda por el resto de comunidades autónomas ofreciendo espacios y materiales que permitan una mejor formación de los docentes que nos dedicamos a la temática de las bibliotecas escolares.